EL SEGUNDO GRADO DE HUMILDAD SEGÚN LA REGLA DE SAN BENITO: UN CAMINO HACIA LA CONFORMIDAD CON LA VOLUNTAD DIVINA
+Abad Juan Mogollón. MSW
San Benito Abad, maestro de espiritualidad y fundador del monacato occidental, en el capítulo 7 de su Regla, presenta el segundo grado de humildad como un pilar fundamental para la vida cristiana: "El segundo grado de humildad es no amar la propia voluntad, sino imitar en los hechos aquella palabra del Señor: 'No he venido a hacer mi voluntad, sino la del que me envió'". Este precepto, profundamente enraizado en la imitación de Cristo, nos ofrece un modelo de vida que desafía las tendencias individualistas y egocéntricas del ser humano.
Un modelo de obediencia cristiana
Jesucristo, al someterse a la voluntad del Padre, se convierte en el ejemplo perfecto de obediencia. En su vida, pasión y muerte, encontramos la expresión más pura de este segundo grado de humildad. En el Huerto de Getsemaní, Jesús ora: "Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lucas 22,42). Este acto de sumisión total al plan divino inspira a los monjes y a los laicos a abrazar la voluntad de Dios como un acto de confianza y amor.
Para San Benito, esta obediencia no es una mera renuncia pasiva, sino una afirmación activa de la fe. El rechazo de la propia voluntad no implica perder nuestra identidad, sino hallarla plenamente en Dios. Es en este "no amar la propia voluntad" donde el alma se libera de los caprichos egoístas y se dispone a una comunión más íntima con el Creador.
Humildad como camino de libertad
En la perspectiva benedictina, la renuncia a la propia voluntad no es opresiva, sino liberadora. San Benito enseña que el ego y los deseos desordenados son fuentes de esclavitud interior. La verdadera libertad se encuentra en someterse al diseño divino, confiando en que la voluntad de Dios busca siempre nuestro mayor bien.
Este segundo grado de humildad también tiene un impacto concreto en la vida comunitaria. Para los monjes, la obediencia al abad y a las normas del monasterio no es solo una obligación, sino una expresión de la voluntad divina. Para los laicos, esta enseñanza trasciende la vida monástica y los invita a buscar la voluntad de Dios en sus decisiones diarias, en sus relaciones familiares y en su vocación personal.
Aplicación práctica en la vida diaria
Vivir el segundo grado de humildad implica un ejercicio constante de discernimiento. A través de la oración, la meditación de la Palabra de Dios y el consejo espiritual, podemos aprender a identificar y aceptar la voluntad divina. Renunciar a nuestros propios deseos exige un corazón dispuesto y una confianza profunda en que los planes de Dios superan nuestras expectativas.
En la práctica, esto puede significar aceptar con serenidad las pruebas y adversidades de la vida, confiando en que Dios nos guía a través de ellas. También implica buscar siempre el bien común antes que nuestras preferencias personales, especialmente en los contextos de comunidad, familia o trabajo.



Que nuestro padre San Benito Abad nos siga acompañando en este camino para vivir más desde la voluntad de Dios y no desde nuestra propia voluntad.
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