HOMILÍA BREVE PARA EL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA 2025

 


HOMILÍA BREVE PARA EL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA 2025

El desierto: espacio de prueba, encuentro y crecimiento espiritual en la perspectiva benedictina

+Abad Juan Mogollón MSW.

 Queridos hermanos y hermanas en Cristo, en este Primer Domingo de Cuaresma, el Señor nos invita a adentrarnos en el desierto, no como un lugar de desolación, sino como un espacio sagrado de encuentro con Dios y con nosotros mismos.

 El significado del desierto en la Biblia:

 En la Escritura, el desierto tiene un simbolismo profundo. Es el lugar donde el pueblo de Israel fue formado, donde aprendió a depender de Dios durante su travesía hacia la Tierra Prometida. Sus penurias, las tentaciones a volver a la Egipto de la esclavitud, el Maná que fue motivo de alegría pero también de grandes divisiones e inconformidades. En pocas palabras las constantes manifestaciones de Dios Padre que no agotó su bondad a pesar de la dureza del corazón de sus hijos.

Jesús mismo fue conducido por el Espíritu Santo al desierto para ser probado antes de comenzar su misión pública (Mateo 4:1-11). El desierto es, entonces, lugar de prueba, pero también de gracia y preparación. 

 No es casual que antes de iniciar su ministerio de redención, Jesús, verdadero Dios pero verdadero hombre nos marcará una ruta, un itinerario a seguir. Necesitaba mostrarnos que la redención, el crecimiento y la fe se centran y se fortalecen en el desierto. Solo allí se sana profundamente el alma y se consolida el propósito de Dios en nuestras vidas.

El desierto y las tentaciones desde la perspectiva benedictina

 San Benito, en su Regla, refleja la importancia de la renuncia y la vida interior. El desierto puede entenderse como el “yermo” al que estamos llamados espiritualmente: un alejamiento de las distracciones del mundo para entrar en un diálogo profundo con Dios. El mundo actual sigue planteando su mayor estrategia: LA DISTRACCIÓN, el captar nuestra atención en oposición a la propuesta amorosa del Padre. Por ellos es necesario acciones en contra corrientes cargadas de valor y autenticidad.

Jesús enfrenta tres tentaciones: el hambre, el poder y la búsqueda de gloria vana. Cada una de estas tentaciones resuena con desafíos cotidianos en la vida laica:

 La tentación del hambre: confiar más en los bienes materiales que en la providencia divina.

Cuando centramos nuestra atención absoluta en lo que anhelamos o necesitamos,  pero si lo vivimos con sensaciones de conflicto y angustia, podemos experimentar una convulsión interior, por ello cabe preguntarnos ¿Mi confianza está en el Señor? ¿Lo que anhelo es tu voluntad? ¿Que acciones debo realizar para alcanzar aquello en tu nombre?

La tentación del poder: buscar el dominio y el control antes que el servicio.

Jesús conoce las intensiones del demonio, le muestra que tiene poder y puede controlarlo todo si quisiera, pero ante aquello sus palabras son contundentes:  “Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”. ¿Cuantas veces nos hemos arrodillado ante el demonio de la vanidad, la injusticia, la vanagloria y la soberbia? El reino de Jesús es fe, esperanza y caridad. Benito nos dice: No anteponer nada al amor de Cristo.

La tentación de la gloria vana: desear el reconocimiento humano en lugar de glorificar a Dios.

La sociedad actual nos vende la imagen falsa y engañosa de realización personal basada en la fama, en los logros económicos y los placeres desenfrenados. Cuanto se esfuerzan los hombres por ser visualizados en las redes sociales para acrecentar su ego y sus carencias vitales y profundas.

En la espiritualidad benedictina, el ora et labora es el antídoto contra estas tentaciones, ya que nos invita a vivir en equilibrio entre lo espiritual y lo humano, siempre centrados en Cristo.

 Aplicación práctica para los laicos que inician la vida benedictina

 Vivir la Cuaresma como un tiempo de yermo personal: Crear espacios de silencio en la jornada para la oración y la reflexión.

Resistir las tentaciones a través de la disciplina espiritual: Inspirarse en los tres votos benedictinos—obediencia, estabilidad y conversión de costumbres—para transformar las pruebas en oportunidades de crecimiento.

Reencontrar a Dios en la simplicidad del día a día: El desierto no requiere un lugar físico; puede vivirse interiormente en medio de la rutina diaria.

Una invitación al camino cuaresmal Queridos hermanos y hermanas, al comenzar este tiempo de Cuaresma, sigamos el ejemplo de Jesús en el desierto y abracemos la espiritualidad benedictina como una guía para enfrentarnos a nuestras tentaciones. Que este desierto interior nos lleve a un encuentro más profundo con Dios y nos prepare para la Pascua, la verdadera Tierra Prometida.

Oración final: 

Señor, condúcenos al desierto de nuestro corazón. Ayúdanos a enfrentar nuestras tentaciones con valentía, a descubrir en el silencio tu presencia amorosa y a salir fortalecidos en nuestra fe. Amén.

San Benito Abad. Ruega por nosotros.

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