HOMILIA III DOMINGO DE CUARESMA 2025

LA PACIENCIA DE DIOS COMO SIGNO DE SU MISERICORDIA Y NUESTRA LLAMADA A DAR FRUTOS DIGNOS DE CONVERSIÓN, EN EL CONTEXTO DE LA CUARESMA.

+Abad Juan Mogollón. MSW.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (13,1-9):

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.

Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.»

Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: «Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?» Pero el viñador contestó: «Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas».» PALABRA DEL SEÑOR

En el Evangelio de este domingo, Jesús nos presenta la parábola de la higuera estéril, una metáfora que resuena profundamente en nuestra realidad actual. Vivimos en una sociedad que, por un lado, muestra indiferencia hacia la religión institucional, y por otro, manifiesta una sed creciente de espiritualidad y significado. Esta paradoja nos desafía como creyentes a dar testimonio vivo y auténtico de nuestra fe, y a mostrar los frutos visibles de nuestra comunión con Dios.

La Cuaresma nos ofrece un tiempo de gracia para reflexionar sobre cómo estamos respondiendo a esta realidad. Siguiendo el ejemplo de los santos y la Regla de San Benito, estamos llamados a la conversión personal y a actuar como instrumentos de Dios para guiar a otros hacia Él.

Cita bíblica: “Si no os convertís, todos pereceréis igualmente” (Lc 13, 3).

El relativismo contemporáneo ha generado una cultura en la que la verdad parece ser subjetiva y moldeada por opiniones personales. Esto ha llevado a una desconexión con las raíces religiosas tradicionales. Sin embargo, esta aparente apatía hacia la religión institucional no elimina el hambre espiritual que muchos sienten. Al contrario, las personas buscan respuestas fuera de la Iglesia, en corrientes filosóficas, terapias alternativas o espiritualidades difusas.

 San Benito nos ofrece una respuesta clara a este vacío: un camino de humildad, oración y comunidad, que no solo atrae, sino que también da sentido a la vida en un mundo fragmentado.

 LA HIGUERA ESTÉRIL: SÍMBOLO DE INDIFERENCIA Y OPORTUNIDAD

La higuera estéril en la parábola simboliza a quien no ha respondido al llamado de Dios. Jesús, como el labrador, intercede para que se nos conceda tiempo para arrepentirnos y dar frutos espirituales. Estos frutos son evidencia de nuestra fe viva.  Nos señala San Agustín: "Un árbol sin frutos es como una fe sin obras, destinada a perecer."

 La Regla de San Benito nos invita a vivir una vida fructífera en comunidad, donde la humildad, el trabajo y la obediencia son los frutos que demuestran nuestra fe y amor a Dios.

“Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7, 20).

La parábola de la higuera estéril no solo es una advertencia, sino también un mensaje de esperanza. El labrador intercede por el árbol, pidiendo tiempo para cuidarlo y fertilizarlo. Este acto refleja la paciencia de Dios y su deseo de que todos se salven.

En el contexto actual, muchas personas son como esa higuera: tienen potencial espiritual, pero no han encontrado las condiciones adecuadas para florecer. Aquí es donde entramos nosotros como creyentes, llamados a ser mediadores y cultivadores de esa tierra.

 “El Señor no retarda su promesa, como algunos piensan; más bien tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan” (2 Pe 3, 9).

OBRAS DE MISERICORDIA:

Corporales: Dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, visitar al enfermo.

Espirituales: Enseñar al que no sabe, consolar al triste, orar por los vivos y los difuntos.

En este tiempo de Cuaresma, se nos llama a dar frutos que demuestren nuestra fe viva. Las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales, son la manera concreta de manifestar la presencia de Dios en nuestras vidas. Además, en un mundo escéptico hacia las instituciones, son los actos de amor y servicio los que generan credibilidad y despiertan interés por el mensaje del Evangelio.

Acoger al necesitado: Practicando la hospitalidad benedictina, abrimos nuestras puertas y corazones a quienes buscan refugio, tanto físico como espiritual.

LOS FRUTOS VISIBLES: LAS OBRAS DE MISERICORDIA

La Cuaresma también nos llama a practicar las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales. Estas acciones son la forma más concreta de mostrar los frutos de nuestra fe.

"Nada nos asemeja más a Dios que el amor hacia los pobres."

 Las obras de misericordia están profundamente integradas en la espiritualidad benedictina.

La hospitalidad, una de las virtudes centrales de la Regla de San Benito, es un ejemplo de cómo manifestamos el amor y la misericordia de Dios.

Escuchar al que duda: La misericordia espiritual incluye acompañar a quienes buscan respuestas fuera de la Iglesia, ayudándolos a redescubrir la riqueza del Evangelio.

CAMINOS BENEDICTINOS PARA UNA SOCIEDAD EN BÚSQUEDA

San Benito nos ofrece un modelo adaptable para abordar los desafíos contemporáneos:

La estabilidad: En un mundo cambiante, la estabilidad benedictina nos enseña a enraizarnos en valores eternos.

La humildad: La humildad nos permite dialogar con quienes piensan diferente, mostrando a Cristo en nuestras palabras y obras.

La oración y el trabajo: La combinación de ora et labora es una respuesta integral a las inquietudes modernas, equilibrando la espiritualidad con la vida práctica.

LA IMPORTANCIA DE LA CUARESMA: UN CAMINO UNIVERSAL DE TRANSFORMACIÓN

La Cuaresma es un tiempo privilegiado de gracia, donde se nos llama a recorrer un camino de conversión y transformación interior. San Benito, en su Regla, nos exhorta a aprovechar este tiempo para cultivar una "pureza de corazón" que conduzca a la "oración pura." Este enfoque profundamente espiritual no solo busca un cambio de conducta, sino una transformación radical del alma hacia Dios.

Cita de San Benito: "Durante los días de Cuaresma cada uno debe dedicarse con pureza de corazón a la oración, a la lectura, a la penitencia y a las buenas obras." (Regla, capítulo 49).

El monacato oriental aporta una riqueza espiritual al entendimiento de la Cuaresma, con un énfasis profundo en la ascesis, la oración y la teosis (unión con Dios). Este enfoque complementa las enseñanzas de la tradición benedictina, iluminando cómo el ayuno y la oración no son fines en sí mismos, sino medios para alcanzar la comunión con Dios.

San Juan Clímaco: En La Escalera del Paraíso, este gran escritor del monacato oriental compara la vida espiritual con una escalera ascendente hacia Dios. En el contexto de la Cuaresma, los escalones de esta escalera incluyen la renuncia a los deseos mundanos, la oración constante y la práctica de la humildad. "El ayuno es el freno que detiene todas las pasiones y el alma que encuentra descanso en Dios."

 El ayuno como disciplina integradora

En Oriente, el ayuno tiene una dimensión sacramental, conectando el cuerpo y el alma en un acto de adoración. Esto resuena con la enseñanza de Evagrio Póntico, quien afirmaba: "El ayuno purifica la mente y abre el corazón para recibir la luz divina." Estas prácticas ascéticas nos recuerdan que la Cuaresma es un proceso integral que transforma no solo nuestras acciones, sino todo nuestro ser.

II. La pureza de corazón en la tradición oriental y occidental

San Benito invita al monje a buscar la pureza de corazón como condición para la oración auténtica. Esta pureza no implica perfección externa, sino la disposición interior de buscar a Dios por encima de todo.

En la espiritualidad oriental, encontramos un eco de esta enseñanza en los textos de los Padres del Desierto:

San Antonio Abad: "El que se purifica interiormente se convierte en un espejo del Espíritu Santo, y su oración es como un fuego que asciende al cielo." Para los Padres del Desierto, la pureza de corazón era el resultado de una vida de desapego, silencio y contemplación.

Isaac el Sirio: Este místico oriental nos recuerda que el objetivo final del ayuno y la oración es el amor perfecto hacia Dios y el prójimo: "El corazón puro puede percibir a Dios en todas las cosas y amar sin medida."

Estas perspectivas complementan la visión de San Benito, reforzando la idea de que la Cuaresma no es solo un período de sacrificio, sino un tiempo para que el alma se refine y se dirija plenamente hacia el Señor

LA ORACIÓN Y LA TEOSIS COMO CENTRO DE LA CUARESMA

En la teología oriental, la Cuaresma es vista como un tiempo para avanzar en el proceso de teosis, la unión con Dios. Esto se logra a través de la oración incesante, como lo enseña San Gregorio Palamás, otro pilar del monacato oriental.

Cita de San Gregorio Palamás: "La oración es la luz del alma; cuando oras verdaderamente, participas de la gloria divina." En la Cuaresma, esta oración adquiere un carácter penitencial que transforma al creyente y lo prepara para la Pascua.

La Lectio Divina, central en el monacato occidental, encuentra paralelismos con la repetición meditativa de los textos bíblicos y los Salmos en la tradición oriental. Ambas formas de oración enfatizan la importancia de escuchar la Palabra de Dios y dejar que transforme nuestro corazón.

 UN CAMINO COMPARTIDO HACIA DIOS

La Cuaresma, como tiempo de transformación interior, tiene una profunda resonancia tanto en la tradición benedictina como en el monacato oriental. Los escritos de autores como San Benito, San Juan Clímaco y San Gregorio Palamás nos llaman a intensificar nuestra oración, nuestro ayuno y nuestras obras de misericordia, no como simples prácticas rituales, sino como caminos hacia una comunión más profunda con Dios.

 IV. LA PACIENCIA Y LA MISERICORDIA DE DIOS

Dios es paciente y espera nuestra conversión.

Los Padres del Desierto, como San Antonio Abad, nos enseñan que la paciencia de Dios es un reflejo de su amor infinito

La Cuaresma nos recuerda la urgencia de dar frutos espirituales y vivir en comunión con Dios y con los demás. La parábola de la higuera nos habla de la misericordia y la paciencia de Dios, pero también nos advierte que no debemos desperdiciar el tiempo de gracia que se nos concede. Siguiendo las enseñanzas benedictinas y la tradición de la Iglesia, comprometámonos a vivir con humildad, oración y misericordia, dando frutos dignos de conversión.

La parábola de la higuera estéril nos llama a reflexionar sobre nuestra propia vida y sobre nuestra misión como cristianos. En medio de un mundo relativista y apático, se nos pide ser signos vivos del amor de Dios, cultivando nuestra fe y ayudando a otros a dar frutos espirituales.

Que esta Cuaresma sea un tiempo de renovación y testimonio, en el que podamos ser labradores en el jardín del Señor, ofreciendo el agua viva del Evangelio a quienes tienen sed.

Aplicación práctica

Reflexiona en tu vida:

¿Qué frutos espirituales estás produciendo

Practica las obras de misericordia durante esta Cuaresma.

Dedica tiempo a la oración y a la lectura de las Escrituras mediante la Lectio Divina.

Reflexionemos sobre cómo podemos ser testimonio vivo de nuestra fe en un mundo en búsqueda espiritual.

Comprometámonos a practicar una obra de misericordia cada semana durante la Cuaresma.

Busquemos oportunidades para dialogar con quienes están fuera de la Iglesia, mostrando el Evangelio con humildad y amor.

Comentarios

Entradas populares

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *