LA OBEDIENCIA Y LA HUMILDAD: REFLEXIONES SOBRE EL V GRADO DE LA REGLA DE SAN BENITO EN EL CONTEXTO CONTEMPORÁNEO Y SU RELACIÓN CON EL SACRAMENTO DE LA CONFESIÓN



LA OBEDIENCIA Y LA HUMILDAD: REFLEXIONES SOBRE EL V GRADO DE LA REGLA DE SAN BENITO EN EL CONTEXTO CONTEMPORÁNEO Y SU RELACIÓN CON EL SACRAMENTO DE LA CONFESIÓN

+Abad Juan Mogollón MSW.

 La humildad ocupa un lugar central en la vida espiritual según San Benito Abad, quien dedica el capítulo 7 de su Regla a describir sus doce grados. El quinto grado se enfoca en la obediencia pronta y sin quejas, reflejo de la entrega de Cristo al Padre. Hoy, esta enseñanza tiene una relevancia especial en un mundo que a menudo promueve la autonomía individual por encima de la voluntad de Dios. En este artículo, exploraremos cómo esta virtud puede practicarse en la vida cotidiana y cómo su espíritu se vive de manera singular en el sacramento de la confesión.

El Quinto Grado de la Humildad en la Regla de San Benito San Benito enseña que el monje debe obedecer con humildad las órdenes de sus superiores "por amor a Dios, imitando al Señor, de quien dice el Apóstol: 'Se hizo obediente hasta la muerte' (Filipenses 2:8)." Este grado exige no solo acciones externas, sino una actitud interior de aceptación y confianza en que, a través de la obediencia, se cumple la voluntad divina.

San Benito señala: "Esta obediencia será aceptable a Dios y dulce a los hombres si lo que se manda se hace sin miedo, sin demora y sin quejas" (Regla de San Benito, cap. 5). Así, la obediencia no es una carga, sino un camino de liberación espiritual.

Aplicación Práctica en Nuestros Días En un mundo donde la autoridad suele ser cuestionada y el individualismo prevalece, practicar el quinto grado de la humildad puede ser un desafío. Sin embargo, su enseñanza tiene profundas implicaciones prácticas:

En la familia: Aprender a escuchar con paciencia y a responder con amor a las necesidades de los demás. Como dice San Pablo: "Soportaos mutuamente con amor" (Efesios 4:2).

En el trabajo: Obedecer a los superiores sin resentimientos, entendiendo que "todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres" (Colosenses 3:23).

En la Iglesia y la comunidad: Acoger con humildad las enseñanzas y orientaciones pastorales, confiando en que la obediencia fortalece la unidad del cuerpo de Cristo. Como afirma el Salmo 133: "¡Qué bueno y qué agradable es que los hermanos vivan juntos en armonía!"

El Quinto Grado y el Sacramento de la Confesión La confesión es, en esencia, un acto de humildad. El penitente se presenta ante Dios reconociendo sus errores, confiando en la mediación del sacerdote para recibir el perdón divino. Aquí se vive una obediencia especial: el reconocimiento de la autoridad de la Iglesia para atar y desatar, según las palabras de Jesús: "A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados" (Juan 20:23).

San Benito mismo subraya la importancia del arrepentimiento y de revelar las faltas: "Si queremos alcanzar el perdón de Dios, confesémosle los pecados" (Regla, cap. 4). Esta disposición de abrir el corazón y aceptar la corrección es una expresión concreta del quinto grado de la humildad.

La confesión, además, nos llama a obedecer las penitencias impuestas como un ejercicio de conversión, imitando al Hijo de Dios, quien aceptó la cruz por nuestra redención.

En conclusión: El quinto grado de humildad nos invita a redescubrir el valor de la obediencia como un acto de fe y amor. En nuestros días, vivir esta virtud nos ayuda a superar el egoísmo y a crecer en confianza hacia la providencia divina. Por su parte, el sacramento de la confesión no solo nos reconcilia con Dios, sino que nos ofrece un espacio para practicar la humildad y el abandono en su misericordia.

Que las palabras de San Benito iluminen nuestro camino: "Nada hay más glorioso que obedecer a Dios" (Regla, cap. 5). A través de esta enseñanza, encontramos la clave para una vida plena en Cristo.

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