El Tiempo Abrirá Ventanas de Verdad para los que se Arriesgan.

 

El Tiempo Abrirá Ventanas de Verdad para los que se Arriesgan.

+Abad Juan Mogollón. MSW.

La vida monástica nos enseña a leer el tiempo como un maestro silencioso, un artesano que modela el corazón con paciencia. San Basilio, en su regla, exhortaba a los monjes a perseverar, pues el crecimiento espiritual no sucede de inmediato, sino como el fruto maduro que solo llega tras una estación de espera. En nuestra existencia, también aprendemos que los que saben esperar, y a la vez se atreven, descubren verdades que no se revelan a quienes temen el riesgo.

San Benito establecía la Conversatio Morum, un compromiso con la transformación cotidiana. No basta esperar el tiempo propicio: es preciso arriesgarse, salir de la comodidad del presente para alcanzar aquello que todavía no se ve. La paciencia es la brújula, pero el paso decidido es el motor del camino. Santos contemporáneos, como Charles de Foucauld, nos enseñan que el riesgo en la fe no es imprudencia, sino confianza: dejarse moldear por la providencia sin exigir resultados inmediatos.

El fracaso, tantas veces rechazado, es en realidad una oportunidad. San Basilio advertía que caer no es la derrota, sino parte del aprendizaje. Un fracaso visto con ojos espirituales es una ventana hacia una verdad más profunda. ¿Cuántos santos no hallaron su vocación después de haber fallado primero? Edith Stein, por ejemplo, se debatió entre la razón y la fe hasta que, en el fracaso de sus certezas previas, halló la plenitud del Evangelio.

La Metanoia, conversión radical del corazón, no surge sin contratiempos. San Benito guía a los monjes a transformar cada obstáculo en parte de su ascenso espiritual. Cada dificultad puede llevar a un renacimiento interior si es mirada con humildad y entrega. Teresa de Calcuta enfrentó períodos de oscuridad espiritual, pero nunca dejó de caminar. El tiempo, aliado de los valientes, abre aquellas puertas que parecen cerradas solo para mostrar un camino aún más profundo.

La esperanza es el faro que guía, no como un ideal lejano, sino como certeza de que la promesa de Dios se cumple en el tiempo oportuno. La espiritualidad monástica nos habla de la confianza en la obra divina, de la paciencia activa y la audacia de caminar aunque la meta aún parezca incierta. San Basilio, San Benito, y tantos santos han vivido este principio: confiar en que el tiempo revelará la verdad a quienes, con fe, se atreven a seguir adelante.

Así pues, quien enfrenta el tiempo con paciencia y valentía encontrará respuestas en los momentos inesperados. La vida espiritual es un constante salto de fe: quien arriesga descubre el sentido, quien espera con confianza recoge los frutos. Que nuestra jornada esté guiada por esta certeza monástica: en cada riesgo tomado por amor, en cada espera vivida con fidelidad, el tiempo abrirá ventanas de verdad.


Comentarios

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *